¡Quemate, bruja! - Clark Carrados

 ¡Quemate, bruja! - Clark Carrados

La multitud empezó a salir. En la mayoría de los; labios se oían frases condenatorias para la acusada. Algunos de los asistentes al juicio, sin embargo, tenían sus dudas no sólo acerca de la culpabilidad de Edwina Byngton, sino de la presunta imparcialidad del juicio.
Pero la sentencia debía cumplirse. Al día siguiente, una enorme multitud acompañó a la condenada hasta el lugar donde debía morir quemada.
Algunos la insultaban y hasta le arrojaban pellas de barro. Junto a Edwina caminaba un pastor, exhortándola a arrepentirse de sus pecados de brujería.
—Nunca he sido una bruja protestaba la mujer, una y otra vez, enérgicamente.
Cuando se vio atada al poste del suplicio, por medio de gruesas cadenas que rodeaban su cuerpo, se echó a llorar.
—Mi hija gimió. ¿Qué será de mi pobre hija?

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